El vértigo y el fuego que me recuerdan quién soy
- Ivonne Casado

- 3 sept 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 15 sept 2025

Este lunes amanecí con vértigo, uno que no tiene nada que ver con el inicio de semana, sino que siento que me sacude desde adentro y me dice que algo, en lo profundo, se está reacomodando.
Venía de un fin de semana sumergida en un taller de pensamiento sistémico, transgeneracional y constelaciones cuánticas con Rossana Bril.
Un espacio que fue un gran espejo, sacudida y reconexión con la vida.

Allí confirmé algo que vengo escuchando en los últimos meses: la importancia de confiar, de abrirme a recibir, de mirar más allá de mis propias certezas.
En medio de ese proceso, de nuevo regresó a mi ese recuerdo que me atraviesa siempre como un relámpago: ese himno que cantaba de niña, con voz tímida pero con una certeza que no entendía del todo:“Fuego he venido a traer a la tierra.”
Hoy, tantos años después, comprendo el peso de esas palabras, porque a veces he sentido que mi fuego estaba en lo invisible, en mundos sutiles que me habitaban como puentes de otros planos. Pero este septiembre de 2025, el llamado es claro: el fuego no vino a quedarse arriba; vino a encarnarse aquí, en lo cotidiano, en lo tangible, en mi vida de carne, hueso y alma.
Así que este vértigo de esta semana me ha recordado que viene a mí, no como un enemigo, sino como una brújula.
Es la vida diciéndome: “estás viva, presta atención”. Es la invitación a mirar las capas de mi historia, a reconocer las memorias de mi clan, a sentir que cuando trabajo en mi, acompaño también a liberar de cargas a quienes amo.
Y entonces la preguntas, –siempre las preguntas– llegan y me abrazan:
¿Qué me está mostrando este vértigo hoy?
¿Dónde estoy llamada a encender mi fuego ahora?
Y ahí, me doy cuenta de que este fuego aparece de múltiples formas: a veces aparece como claridad, otras como gozo, otras como cuidado, otras como transformación.
Y en ese fuego y ahora que siento íntegraMENTE en mí, a las diosas que me habitan, cada chispa de este fuego, llega con el rostro de alguna de ellas: Atenea, Afrodita, Deméter, Hestia, Perséfone… cada una me recuerda que el fuego toma formas distintas, pero todas me sostienen.
Traer este fuego a la tierra, que siento desde niña, es recordar que no necesito elegir entre lo invisible y lo visible, entre lo espiritual y lo humano.
Es aceptar que el vértigo es señal de movimiento, y que en ese movimiento se enciende mi voz, mi deseo y mi camino.
Esta semana el vértigo me ha dicho: “es aquí, es ahora.”
Y yo lo recibo.




Comentarios