Leer a Sara Jaramillo Klinkert: Lo que sus libros me abrieron
- Ivonne Casado

- 10 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Como maté a mi padre - Donde cantan las ballenas - El cielo está vacío
Sara Jaramillo Klinkert
Letras que me visten

Leí Donde cantan las ballenas un fin de semana en el que necesitaba silencio, y un viaje corto lejos del ruido de lo cotidiano me lo permitió. No sabía qué iba a encontrar; sentí el llamado del título y simplemente comencé el viaje.
La historia se me metió despacio, y cuando menos lo pensé ya estaba completamente sumergida. Entre la prosa y la magia que se iba desplegando, cada página parecía abrir un territorio nuevo. Terminé el libro con una sensación extraña, como si hubiera estado en un lugar que mi memoria reconocía aunque nunca hubiera pisado sus paisajes. Me dejé llevar por ese eco y decidí seguir el hilo.
Regresé del viaje y, con el magnetismo que siempre me generan las librerías, mientras preparaba uno de los conversatorios de mi libro volví a casa con dos títulos más de la misma autora. Algo en mí se acomodó apenas los tuve entre las manos.
Leí entonces Cómo maté a mi padre y sentí que entraba al origen de un temblor. Las palabras de Sara no buscan adornar nada; van directo al hueso y con su forma de narrar el dolor, lejos de lastimar, me acompaña. Las escenas se sienten vivas, sin artificio, sin dramatismos, como si la vida, incluso en sus fracturas, quisiera contarse a través de ella.
Y mientras avanzaba por ese dolor que ella nombra con tanta honestidad, algo mío también comenzó a moverse. En mi casa no perdimos a mi padre, pero sí al padre de mis hijos cuando sólo tenía 41 años y mis pequeños 7 y 9. Una ausencia distinta, una herida que se sostuvo en silencios largos, en esas palabras que una no sabe cómo pronunciar sin que se quiebren; y es por esto que, leerla me llevó de vuelta a ese territorio: al duelo que llega sin permiso y de manera repentina, a lo que se calla para poder seguir, a lo que solo se libera cuando por fin encuentra nombre.
Al terminar ese libro se encendieron luces nuevas sobre el primero. Comencé a ver los hilos invisibles que conectan sus historias: lo que se repite, lo que se hereda, lo que una niña guarda sin saberlo.
Y entonces quise más.
Leí El cielo está vacío y sentí que esa lectura cerraba un círculo, o quizás lo abría; todavía lo estoy descubriendo. La mezcla sutil entre realidad y ese toque de magia que se cuela por las grietas me sostuvo durante páginas enteras. Caminaba con ella por territorios que eran suyos, pero que, de alguna manera, también hablaban de los míos.
Me ocurrió algo curioso mientras avanzaba por sus libros:la familiaridad crecía, su forma de nombrar el mundo tocaba un lugar que yo también he transitado y que, hoy creo, es lo que me trajo a escribir esta reseña, que no es precisamente sobre los libros, sino del efecto de leerla a ella.
Sus tres historias —tan distintas y tan unidas por una fuerza íntima—acompañaron mis días de una manera particular. Me abrieron ventanas hacia mis propios recuerdos, hacia la niña que fui, hacia la mujer que observa la vida desde adentro y reconoce en lo cotidiano un filo sagrado.Y también hacia esa parte de mí que ha tenido que nombrar su propia pérdida para poder liberarla, para dejar que la vida siga haciendo espacio donde antes solo quedaba sombra.
Leerla fue sentir compañía suave, firme, honesta. Una presencia que no interrumpe ni explica, sino que solo se queda ahí, al lado, mientras se descubre aquello que todavía estaba esperando ser dicho.
Terminé sus tres libros con gratitud. Esa gratitud que aparece cuando una voz ajena enciende algo que estaba dormido o simplemente recuerda lo que ya sabía, pero necesitaba escuchar de otra manera.
📚Esa es la marca que me dejó Sara Jaramillo Klinkert: un modo de contar que respira verdad, que se mueve entre lo real y lo simbólico y que, me sigue dando vueltas en el alma mucho después de cerrar la última página.




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